Grupo de Varones  
 
 
Donato Rodríguez, Lic. Gerado Pliego y Martín Bermudez
Encargados
 

El mayor impulso que tenemos para realizar esta labor es la gratitud que sentimos hacia aquél que no se aferró al hecho de ser igual a Dios, haciéndose hombre y que menosprecio la cruz muriendo por amor a nosotros para mostrarnos un camino nuevo y vivo.

Este ministerio está conformado por el Prof. Joel Corona Vázquez como coordinador, bajo el liderazgo del Lic. Felipe del Castillo.

En este ministerio trabajamos a favor de motivar e instruir a los varones de Trigo y Miel de manera que juntos vayamos formando el carácter varonil que Dios puso frente a nosotros para conquistar.

El contacto principal con todos los hombres de Trigo y Miel se da los días viernes en las reuniones familiares en las cuales la alabanza, la oración, y la exposición de Principios Bíblicos nos retan a cambiar nuestras vidas y nuestra generación, reconociendo que como hombres necesitamos de Dios en todas las áreas y responsabilidades que tenemos.

Por tanto asistir a estas reuniones, trae consigo mayor acercamiento con el quipo de Liderazgo de Trigo y Miel, lo cual permite establecer tiempos de consejería personalizada cuando esta se solicita.

Creemos que todo HOMBRE necesita compañerismo con otros, y por eso necesita venir a nuestras reuniones. Principalmente creemos que ser expuestos al mover de Dios traerá un cambio radical en nuestra forma de pensar y actuar.

Hoy más que nunca nuestro país, nuestras familias, empresas, entre otros, requieren de hombres de carácter como los principales agentes de cambio para nuestra sociedad. Para formar ese carácter, necesitamos seguir ese principio bíblico que dice: "hierro con hierro se afila". Sólo el contacto con el mayor y más alto ejemplo de HOMBRIA que ha existido, JESÚS, y el compañerismo con otros hombres afilará nuestro carácter para hacer en estos tiempos lo que Dios nos demanda.

La meta que tenemos querámoslo o no, es reflejar a través de nuestras vidas a Jesucristo quien puede traer un cambio radical a otros que viven hoy como alguna vez vivíamos nosotros.

El mayor impulso que tenemos para realizar esta labor es la gratitud que sentimos hacia aquél que no se aferró al hecho de ser igual a Dios, haciéndose hombre y que menosprecio la cruz muriendo por amor a nosotros para mostrarnos un camino nuevo y vivo.